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Restricción al tráfico y libertad individual

La restricción del tráfico en Madrid podrá ser una chapuza (o no) y podrá ser insuficiente para atajar la polución. Pero de lo que no debería dudarse es de que la polución supone un problema de externalidades negativas que debe ser solucionado. Mantener una externalidad negativa sin que sea internalizada equivale a subvencionar una actividad, esto es, equivale a permitir que una actividad se desarrolle sin asumir todos los costes que se derivan de ella (y, por tanto, a que esa actividad se SOBREdesarrolle).

¿Cómo combatir una externalidad negativa?

  • Regulaciones estatales: Por ejemplo, prohibiendo parcialmente la circulación u obligando a usar medios de transporte no contaminantes; o imponiendo sistemas de calefacción eléctrica en los hogares.
  • Impuestos y subvenciones pigouvianas: Cobrando impuestos a quienes contaminan (automóviles no eléctricos o calefacción) y subvencionando a quienes son contaminados (sanidad) o a quienes no contaminan (medios de transporte no contaminantes alternativos).
  • Libre negociación entre contaminado y contaminador (Teorema de Coase): Ésta es la solución más liberales posible, pero no es aplicable cuando los costes de transacción son elevadísimos (y aquí lo son por el elevadísimo número de contaminantes y contaminadores).

Con respecto al último punto, por teoría económica sabemos que cuando las externalidades negativas son múltiples, acumulativas y con causalidades complejas, tienden a emerger regímenes de propiedad comunal para administrarlas o para representar en las negociaciones a los distintos copropietarios afectados por la externalidades negativa. Un ayuntamiento es una especie de propiedad comunal sobre los espacios comunes de las ciudades y, por tanto, tendría todo el sentido del mundo (incluso liberal, pues es una extensión del Teorema de Coase) que ese ayuntamiento los administrara normativamente para minimizar el problema de las externalidades negativas.

El problema de los ayuntamientos actuales es que NO son regímenes comunales que hayan surgido por libre y voluntaria adscripción de los propietarios individuales (a diferencia de, por ejemplo, las comunidades de vecinos o las urbanizaciones privadas), por lo que es normal que muchas personas sientan las normas del ayuntamiento como regulaciones estatales arbitrarias que conculcan su libertad. Sin embargo, a falta de una reconversión de las ciudades estatalizadas en ciudades privadas (con derechos de propiedad sobre zonas comunes más claramente asignados), hace falta articular una solución y esa solución necesariamente consistirá en una combinación de regulaciones+impuestos+subvenciones sobre la polución.

Cuál es la combinación óptima o más inteligente de la misma es algo que se me escapa pues estoy lejos de ser experto en esa cuestión técnica. No voy a entrar, pues, en si Ahora Madrid hace técnicamente bien o mal con sus protocolos de tráfico porque lo desconozco. Pero como liberales no deberíamos rechazar per se cualquier regulación+impuesto+subvención sobre este asunto. Más bien, quienes posean un mayor conocimiento técnico sobre él deberían: a) a corto plazo, realizar propuestas de regulaciones+impuestos+subvenciones que minimicen los perjuicios sobre todas las partes implicadas, siempre atendiendo a la mejor evidencia disponible; b) a largo plazo, plantear transiciones para definir más claramente los derechos de copropiedad sobre las zonas comunes de una ciudad para que el Teorema de Coase pueda emplearse como vía para solucionar los problemas de la polución.

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Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.