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Los insiders condenan al Popular

La única llama de esperanza que podía restarle al Banco Popular es que la confianza de los inversores en su futuro se mantuviera encendida. Actualmente, la situación de la entidad es deplorable: una capitalización bursátil que no alcanza los 1.500 millones de euros y un agujero financiero que bien podría superar los 3.000 millones de euros. Esto es, en un escenario moderadamente razonable, las pérdidas latentes más que duplicarían el valor presente del conjunto de la entidad. Sucede que tales cifras son todas ellas provisionales: no conocemos ni la magnitud real del destrozo interno ni, en consecuencia, cuál es el valor neto real de la compañía. De ahí las violentas fluctuaciones a las que asistimos diariamente en el parqué bursátil: según mejoren o empeoren las expectativas sobre el quebranto oculto y, en consecuencia, la perspectiva de supervivencia de la entidad, su cotización en bolsa deviene una u otra. El problema es que, como decía, nos faltan todavía datos fidedignos para poder opinar con criterio: ahora mismo, el banco está inmerso en un proceso de retasación de su stock de ladrillo y, en función de cuál sea el resultado de esa retasación, se estimará con mayor precisión el volumen del agujero.

Con todo, hay determinados comportamientos que sí nos permiten intuir cuál será el sentido de la retasación y éste no da alas precisamente al optimismo: ayer, el grupo galo Crédit Mutuel anunció su salida del consejo de administración del Popular; se trata del segundo mayor accionista (posee 84,21 millones de acciones, es decir, alrededor del 4% del total) y, tras semejante abandono, todo hace prever que se desprenderá de su cuantioso paquete de participaciones durante los próximos días. Borrón y cuenta nueva. La cuestión, claro, es por qué Crédit Mutuel toma tan drástica decisión: por qué salta del barco asumiendo millonarias pérdidas aún cuando, según nos asegura el discurso oficial, se trata de un barco que todavía no se ha hundido y que es susceptible de ser reflotado. Y la explicación más razonable, claro, es que quienes están dentro de los puestos de mando (los llamados insiders) han llegado a la conclusión de que no hay nada que salvar: ellos, a la postre, poseen más información de la que se ha hecho pública (conocen cuál es el avance real del proceso de retasación) y toman decisiones en función de esa información provisional. Si interpretamos sus movimientos, el mensaje es tajante: el accionista del Popular está condenado.

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Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.