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Montoro contra Montoro

Los políticos no suelen caracterizarse ni por su coherencia ni por sus principios. Muchos de ellos son capaces de defender simultáneamente proposiciones contradictorias o de enmendarse la plana a sí mismos según va pasando el tiempo. Sin ir más lejos, esta pasada semana, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, lanzó a la opinión pública tres mensajes que, en última instancia, constituyen una reprobación de gran parte de las líneas maestras que han caracterizado su acción en el Gobierno.

Primero, Montoro propuso prohibir por ley las amnistías fiscales justo después de proclamar los exitosos resultados de la que él mismo impulsó en 2012. Si las amnistías fiscales son tan positivas —aunque sea a modo de “cebo” para que los “pececitos” afloren su dinero— resulta incomprensible que debamos proscribirlas de nuestro ordenamiento jurídico. En realidad, la extemporánea sugerencia del ministro de Hacienda es un puro brindis al Sol: las leyes pueden reformarse en cualquier momento con la mayoría parlamentaria suficiente, de manera que bastaría con que una ley futura derogue aquella norma que prohíbe las amnistías fiscales para que éstas, si así lo deseara el Gobierno de turno, pudieran seguir practicándose. No se trata de un escenario inverosímil: la ley de Presupuestos Generales del Estado de 1992 ya contenía la prohibición de practicar nuevas amnistías. ¿Y de qué sirvió? De nada.

Segundo, Montoro también prometió nuevas rebajas tributarias en 2019. Ya de entrada, la medida es incoherente con la política fiscal desarrollada hasta hace muy poco por el PP: el ministro que más nos ha subido los impuestos a los españoles pretende ahora redimirse con el reclamo de nuevas rebajas futuras. ¿Acaso no habría sido preferible que evitara subirlos hasta sus niveles actuales desde el principio? Pero lo verdaderamente llamativo de la noticia es el año en el que se plantea materializarla: 2019, esto es, el ejercicio en el que expirarán los actuales acuerdos presupuestarios del PP con otras fuerzas políticas (PNV, CC o NC). ¿Por qué entonces Montoro no aprueba una rebaja impositiva en los presupuesto de 2018, cuando sí tendrá apoyos en el Congreso para poder hacerlo? Pues porque, en realidad, no pretende aprobarla: la rebaja de impuestos para 2019 será una de las promesas estrella en la campaña electoral de las elecciones generales que probablemente se celebren en 2019. Pero, en la presente legislatura, nada más.

Tercero, Montoro también ha reclamado respeto por la presunción de inocencia de aquellas personas inspeccionadas por la Agencia Tributaria: “Es importantísimo insistir en la presunción de inocencia (…) Nadie es un delincuente hasta que lo sentencian”. Sin embargo, el propio Montoro se ha destacado en numerosas ocasiones por amenazar en sede parlamentaria a periodistas, artistas o políticos con revelar su situación de irregularidad tributaria, aun cuando muchos de esos casos apenas estuvieran siendo inspeccionados y no condenados en firme. ¿A qué viene entonces este súbito cambio de actitud? Muy probablemente a la identidad de quienes están siendo inspeccionados en este caso —personalidades del sacrosanto mundo del fútbol— y a las presiones que habrá recibido para rebajar el grado de crispación.

En definitiva, las palabras y propuestas del ministro de Hacienda durante estos últimos días se han convertido en las más críticas alocuciones contra la política que él mismo había venido desarrollando hasta la fecha. ¿Para cuándo el próximo bandazo?

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Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.