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Mucho más gasto público que antes de la crisis

Fue Rahm Emanuel, jefe de Gabinete de Obama, quien dijo aquello de “never let a good crisis to go waste” (nunca desperdicies una buena crisis). Las crisis son coyunturas extraordinarias durante las cuales los gobiernos pueden comportarse de maneras extraordinarias sin que la población se queje extraordinariamente. La Doctrina del Shock de Naomi Klein expresa aproximadamente esta misma idea: si se quieren cambios institucionales súbitos, nada mejor que el miedo.

En este sentido, han sido muchos quienes han visto en la actual crisis una especie de conspiración neoliberal para desmantelar el Estado de Bienestar: se manufactura un cataclismo económico, se coordina un ataque de los mercados financieros contra la deuda soberana y finalmente se obliga a la población a aceptar fortísimos recortes del gasto público so pena de verse abocada a una bancarrota gubernamental. Gracias a esta estratagema, pues, se habría conseguido someter y capitidisminuir a las socialdemocracias occidentales durante los últimos años.

La narrativa suena convincente, sobre todo para un ciudadano español que haya vivido en sus propias carnes un proceso similar al anterior. Sin embargo, es esencialmente falsa. Durante la última década, los Estados occidentales no han retrocedido ante el chantaje irresistible de los mercados financieros, sino que han alcanzado los mayores volúmenes de toda su historia. Tal como constata el reciente informe de la OCDE, Government at a Glance 2017, una década después de que arrancara la Gran Recesión, prácticamente todos los Estados occidentales han incrementado muy sustancialmente su tamaño. De hecho, el gasto público medio en el conjunto de la OCDE ha pasado del 38,8% del PIB al 40,9%. El Estado no retrocede, sino que crece aprovechándose del shock de la Gran Recesión

 

Acaso se alegue que estas cifras no ilustran verdaderamente la evolución del tamaño del Estado porque están expresadas en relación al PIB: y si el PIB de muchos de los países de la OCDE ha caído durante la última década, el sector público puede parecer mayor aun cuando no lo sea en términos absolutos. Grecia sería el paradigma de este fenómeno: a pesar de los notables recortes del gasto experimentados desde 2009, su administración pública pesa bastante más que en 2007 debido al hundimiento de su PIB.

Afortunadamente, la OCDE nos ofrece una métrica para conocer cuánto ha crecido, en términos reales, el gasto público por habitante entre 2007 y 2015: y, como es fácil de observar en el siguiente gráfico, prácticamente todos los Estados de la OCDE han incrementado su gasto público por habitante (salvo Irlanda, Italia y Grecia). Incluso países que han sufrido una reducción del peso del Estado en el PIB (como Hungría, Portugal o Israel) han incrementado los recursos que pasan por las manos del Estado. En el conjunto de la OCDE, de hecho, este crecimiento ha sido del 1% anual. Por consiguiente, aun cuando no expresemos la evolución del gasto en términos relativos sino absolutos, el Estado sigue creciendo.

Por último, también podría alegarse que el muy sustancial aumento del gasto público durante los últimos diez años se debe fundamentalmente al incremento de los gastos financieros: el ataque de “los mercados” llevó a los gobiernos a endeudarse a altísimos tipos de interés y semejante postración económica explica sus mayores desembolsos. Pero no: en la mayoría de países occidentales, el peso de los intereses dentro del gasto público total o no aumentó o incluso se redujo. En el conjunto de la OCDE, su peso cayó un 1%.

Pero, además, que el peso de los intereses sobre el gasto público total aumente no significa necesariamente que el resto de partidas del gasto público se reduzcan. Tomemos el caso de España: los intereses de la deuda pasaron de representar el 4,1% de todo el gasto público en 2007 a equivaler al 7,1% en 2015. A su vez, el gasto público real por habitante de nuestro país aumentó una media del 0,66% por año entre 2007 y 2015. En otras palabras, un gasto por habitante de 100 en 2007 se había expandido hasta 105,39 en 2015 (ya descontada la inflación). Eliminando los intereses, ese mismo gasto por habitante de 100 en 2007 habría sido de 95,9, y en 2015 de 97,9 (un crecimiento acumulado del 2,1%). Es decir, aun excluyendo los intereses de la deuda, el gasto público se incrementó en la práctica totalidad de países OCDE… incluida España.

Visto lo visto, se comprenderá por qué constituye una inmensa patraña el sostener que la crisis económica ha fomentado el desmantelamiento del Estado: al contrario, la crisis ha constituido una magnífica oportunidad para que el Estado continúe creciendo a costa de la ciudadanía hasta alcanzar una hipertrofia histórica. Los shocks no fomentan la reducción del Leviatán, sino su expansión descontrolada. La Gran Recesión nos ofrece una nueva, y dolorosa, prueba de ello.

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Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.