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El riesgo de los superricos

Jeff Bezos, creador de Amazon, se convirtió este jueves en el hombre más rico del mundo, con una fortuna estimada en más de 90.000 millones de dólares. No es el único milmillonario de la lista: nombres como los de Bill Gates, Warren Buffett, Amancio Ortega o Mark Zuckerberg copan regularmente las portadas de prensa no sólo por sus éxitos empresariales o inversores, sino por la inmensa fortuna que han logrado amasar. Semejante concentración de la riqueza no sólo genera envidia, sino también preocupación política: si muy pocos tienen mucho, entonces devendrán capaces de controlar la acción de gobierno y de cosechar privilegios a costa del resto de la sociedad. Algunos incluso han llegado a proponer la fijación de límites a la acumulación patrimonial: esto es, que exista un monto máximo de capital que ninguna persona pueda legítimamente rebasar. Y, desde luego, la acumulación de riqueza puede constituir un riesgo para una sociedad: la captura del poder político por parte de una oligarquía privada que soborna a los corruptos gobernantes no sólo constituye una regularidad histórica en cualquier comunidad humana, sino que entronca perfectamente con la naturaleza del hombre, siempre sesgada hacia el abuso de poder y la explotación de sus congéneres.

Ahora bien, resulta de una ingenuidad extrema el pensar que la solución al riesgo de captura del Estado por parte de las oligarquías económicas pasa por otorgar potestades extraordinarias a los gobernantes: la existencia de unos mandatarios tan poderosos como para expropiar masiva y arbitrariamente la propiedad de los ciudadanos constituye un riesgo tan o más temible que la presencia de la antedicha oligarquía económica. ¿Por qué temer únicamente el abuso de poder de “los ricos” pero no el abuso de poder de “los gobernantes” omnipotentes? Para contrarrestar el peligro del surgimiento de una clase de multimillonarios que manejen el Estado en su privativo interés no hemos de multiplicar el poder de ese Estado hasta el punto de que éste sea capaz de destruir a cada uno de esos multimillonarios: lo que debemos hacer es minimizar el margen de actuación legítima del Estado en sociedad. Si tenemos miedo de que los ricos controlen al Estado es porque el Estado es hoy lo suficientemente poderoso como para atemorizar a los ciudadanos. Un poder político estrictamente limitado por una sociedad concienciada y vigilante sería un poder político que a nadie le interesaría controlar porque nada podría conseguir a través de él.

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Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.