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Nuevo récord de deuda pública

La deuda pública española ha alcanzado un nuevo máximo histórico: 1,13 billones de euros, el equivalente al 100% del PIB. Pese a la moderación del déficit público que hemos experimentado durante los últimos años, los pasivos estatales continúan expandiéndose a un mayor ritmo del que sería recomendable: en los últimos doce meses, se han incrementado en 21.000 millones de euros, y en los últimos 24, en 80.500 millones. La cifra récord de 1,13 billones de euros equivale a una deuda pública por familia española de casi 62.000 euros: una hipoteca estatal por la que les toca abonar a cada uno de esos hogares alrededor de 1.850 euros anuales en concepto de intereses.

Peor todavía: la evidencia histórica nos muestra que aquellos países con un alto endeudamiento estatal tienden a crecer la mitad que los países con un bajo endeudamiento estatal. El gran número de pasivos públicos constituye una rémora para el crecimiento, por cuanto dificulta tanto la reducción de impuestos cuanto —para aquellos que glorifiquen el Gran Gobierno— el aumento del gasto. No es de extrañar: si nuestros pasivos públicos fueran la mitad de los actuales, nos ahorraríamos unos 900 euros por familia española, lo cual nos permitiría, por ejemplo, rebajar los tipos efectivos del IRPF en un 25%.

Así pues, debería resultar obvio que el endeudamiento estatal es una de las grandes lacras que nos ha legado la crisis económica. Mientras que los pasivos de familias y empresas se han reducido en el equivalente a 50 puntos del PIB desde 2010, las obligaciones financieras del sector público se han disparado en 67 puntos del PIB desde el comienzo de la crisis. O dicho de otra forma: a principios de 2008, el gran problema para la estabilidad económica de España era la gigantesca deuda privada; hoy es la exageradísima deuda pública.

Los habrá que piensen que apenas estamos ante una conversión de deuda privada en deuda pública: que el rescate de la banca explica la mayor parte del desapalancamiento privado y del apalancamiento público. Pero no es así. Por un lado, la deuda bancaria no se incluye en el anterior guarismo que tasa el desapalancamiento privado en 50 puntos del PIB: los más de 500.000 millones de euros en los que el sector privado ha minorado su deuda son únicamente imputables a familias y a empresas no financieras. Por otro, el coste del rescate bancario para el sector público ni siquiera ha alcanzado los 40.000 millones de euros, esto es, menos de 3,5 puntos de PIB: evidentemente, no puede explicarse un incremento de la deuda estatal de 67 puntos del PIB a partir de una emisión de deuda de 3,5 puntos.

Siendo así, ¿a qué se debe esta notabilísima y preocupantísima explosión de la deuda pública? Pues a que las administraciones han gastado anualmente —en transferencias y en servicios públicos— mucho más de lo que han ingresado vía impuestos. El déficit público no vinculado a rescates ha sido —y sigue siendo— el gran responsable del estallido del endeudamiento estatal. Y, precisamente, si el exceso de gasto en relación con los ingresos ha provocado la mala situación financiera actual, deberíamos poner fin a ese exceso de gasto para comenzar a revertirla. O subir (todavía más) los impuestos o recortar (al fin) el exceso de desembolsos estatales.

El Gobierno, por el contrario, confía en no tener que hacer nada de todo ello: esto es, en que el crecimiento económico aumente los ingresos públicos sin necesidad de incrementar las tasas impositivas. Sin embargo, si aspiramos no sólo a estabilizar el volumen de deuda pública sino también a disminuirla con fuerza, deberíamos gestar un abundante superávit que, por necesidad, requerirá o de menor gasto o de mayores impuestos. Ojalá apostemos decididamente por pinchar la burbuja estatal para, de una vez, liberarnos de la cada vez más onerosa losa de la deuda pública.

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Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.