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Cuentas nocionales

La insostenibilidad del sistema público de pensiones es una realidad que muy pocos se atreven ya a negar. No sólo por el notable agujero que actualmente sufre la Seguridad Social, sino sobre todo por la transformación demográfica que vamos a experimentar durante las próximas décadas: pasaremos de contar con dos trabajadores por pensionista a apenas un trabajador por pensionista. Las condiciones de jubilación tal cual las conocemos hoy no podrán mantenerse en el largo plazo. Así pues, ¿qué hacer? Un espíritu radicalmente crítico tendería a cuestionar la organización misma del sistema: ¿por qué debemos pagar las pensiones futuras de los trabajadores actuales mediante la exacción de los sueldos de los (escasos) trabajadores de mañana y no, por el contrario, a través del ahorro acumulado desde ya mismo por esos trabajadores presentes? ¿Por qué el Estado nos ha de quitar hoy el 30% de nuestro salario a cambio de pagarnos mañana pensiones menguantes cuando simplemente podría abstenerse de arrebatarnos ese 30% de nuestro salario para que así pudiéramos ahorrar y garantizarnos por nosotros mismos pensiones dignas a nuestra jubilación? Son muchos, sin embargo, los que continúan defendiendo con uñas y dientes ese fallido modelo de Seguridad Social: y ante la certeza de su fracaso, buscan desesperadamente fórmulas que les permitan continuar justificándolo.

La última moda de este tipo de reformas dirigidas a defender el statu quo son las llamadas cuentas nocionales: las cotizaciones sociales obligatorias de los trabajadores se acumulan ficticiamente en una cuenta corriente y, llegado el momento de la jubilación, la pensión se les paga a partir del saldo virtual de esa cuenta nocional. El sistema es muy parecido al actual —las cuentas nocionales son meramente teóricas, esto es, no contienen ahorro alguno del trabajador, puesto que sus cotizaciones se siguen destinando a abonar las pensiones de los jubilados existentes en ese momento— pero aporta algo más de transparencia: el trabajador sabe en todo momento qué pensión cobrará cuando cese su vida laboral y, por tanto, puede preparar su futuro con mayor información. Personalmente, no me cabe ninguna duda de que resulta imprescindible aportar más claridad al sistema de reparto, pero la batalla que urgentemente deberíamos estar librando es la de denunciar este perverso esquema público que, a imagen y semejanza de los fraudes piramidales, nos condena a pensiones decrecientes. El problema está en la base: descapitalizar al trabajador para que su jubilación sea gestionada por el Estado.

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Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.