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Pedro Sánchez: haced lo que yo haga pero no lo que yo os diga

Ahorrar para la jubilación no es una decisión financiera criticable: al contrario, es un acto largoplacista que denota preocupación por el futuro. En circunstancias normales, pues, nada habría que reprocharle a Pedro Sánchez —y a la mitad de la directiva del PSOE— por contar con un plan privado de pensiones (más allá de que, por lo general, son unos pésimos vehículos de ahorro que únicamente le reportan suculentas comisiones a la banca): más bien, como decíamos, habría motivos para alabarlo por su comportamiento prudente y previsor. Sin embargo, España no vive unas circunstancias normales: su sistema público de pensiones está quebrado y, en consecuencia, va a ser sometido a lo largo de los próximos años a unos profundos recortes que han sido ratificados, con nocturnidad y alevosía, por el Partido Popular y, también, por el Partido Socialista de Pedro Sánchez.

Recordemos lo básico: en el año 2011, el PSOE aprobó una reforma-recorte de las pensiones públicas (elevación de la edad de jubilación a los 67 años y modificación de los términos de cálculo de la pensión) que supondrá hasta 2057 un tijeretazo del gasto equivalente a 2,2 puntos del PIB por año (unos 25.000 millones de euros en términos actuales). A su vez, en 2013, el PP aprobó otra reforma-recorte de las pensiones públicas (desindexación del IPC y factor de equidad intergeneracional) que implicará hasta 2057 un tijeretazo del gasto equivalente a 3,1 puntos del PIB por año (unos 34.000 millones de euros en términos actuales). En conjunto, pues, el recorte del gasto en pensiones como resultado de la actuación legislativa de PP y PSOE será de 5,3 puntos del PIB por año, lo que empeorará las condiciones de jubilación de los españoles casi un 40% (en particular, la tasa de sustitución caerá desde el 70% actual hasta el entorno del 45%).

A poco que uno escudriñe en las cuentas de la Seguridad Social (y se deje de ágrafas conspiranoias, como la de que es posible cubrir el agujero de las pensiones eliminando las autonomías), sabrá que tales recortes son inexorables por la propia insostenibilidad piramidal del sistema de reparto. Acaso puedan estructurarse los recortes de un modo distinto al actual (por ejemplo, podríamos reindexar las pensiones al IPC a cambio de alargar algunos años más la edad de jubilación), pero la disminución del gasto es en cualquier caso inevitable. Por consiguiente, que PP y PSOE hayan levantado acta de defunción de la Seguridad Social no es algo en sí mismo censurable: lo censurable es que, por un lado, no hicieran nada durante décadas para evitar semejante defunción (verbigracia, fomentar el ahorro personal complementario) y que, por otro, les estén ocultando  a todos los ciudadanos cuál es el estado real del cadáver en la actualidad.

A la postre, si los españoles no son conscientes de que van a jubilarse en condiciones mucho peores que las actuales, tampoco serán conscientes de la urgente necesidad de reaccionar desde ya mismo ahorrando para su jubilación: sin información fidedigna acerca del futuro, las personas no pueden actuar previsoramente para confrontar tal ignoto futuro. Y es aquí donde sí encontramos una poderosa razón para criticar a Pedro Sánchez, y a media directiva socialista, por contar con planes privados de pensiones mientras mienten sistemáticamente a los ciudadanos sobre el verdadero estado de Seguridad Social.

No en vano, estos vehículos de capitalización específicamente previsionales ponen de manifiesto que una mayoría de dirigentes socialistas, empezando por su secretario general, no son unos insensatos que avancen ciegamente hace un horizonte desconocido, sino unos hipócritas conocedores de la necesidad de ahorrar para la jubilación ante la insuficiencia programada del sistema público de pensiones. Lo que nos revelan con sus definitorios actos es justo aquello que luego nos niegan con sus propagandísticas palabras: mientras los dirigentes socialistas nos prometen que el sistema público de pensiones proporcionará unos ingresos dignos y suficientes para todos los jubilados, ellos van privadamente amasando una hucha de ahorro personal con la que complementar unas pensiones que saben que no serán ni dignas ni suficientes para todos. Y lo saben porque son ellos mismos quienes han aprobado las reformas-recorte de esas pensiones. Sólo aspiran a ganar las elecciones aun a costa de arruinar la jubilación de millones de crédulos españoles.

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Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.